Venía por tus labios
-dos hojas entreabiertas al misterio-
y al llegarte a la risa
quedé esencial, prendado del capricho.
¡Te llevaré la rosa!
-escándalo de gritos en silencio
retozando al son suave
de fauno solilento y amarillo.
Al salir del embrujo
troté frente adelante, hasta tu cuerpo
ya diluido en nieve.
Tan sólo siento, leves,
dos sombras que me rozan quedamente
y el murmullo de dos tórtolas durmientes.
(27 DE DICIEMBRE DE 1984)
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